Conspiración imaginada en la Patagonia: ¿es el Plan Andinia una real amenaza? Esbozo de una respuesta histórica

Por JORGE MUJICA U.

Licenciado en Historia y Magíster (c) en Historia

Pontificia Universidad Católica de Chile


Tras el asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca, perpetrado por carabineros pertenecientes al denominado “Comando Jungla”, la cuestión del conflicto entre el pueblo mapuche y el estado chileno en la Araucanía ha vuelto a acaparar el debate en el país, lo que ha contribuido a revelar las numerosas aristas del problema. Una de ellas, develada por el portal de noticias El Desconcierto, es la implicación de Israel en la militarización de la Araucanía, señalada por un informe de BDS (campaña internacional de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra la colonización, apartheid y ocupación israelí en Palestina), a través de la venta de drones y otros instrumentos por parte de la compañía Elbit, la más importante de las empresas militares israelíes[1]. Aunque esta publicación ha servido para denunciar el papel que ha asumido Israel como proveedor militar para los numerosos gobiernos latinoamericanos que enfrentan conflictos internos, también ha significado una nueva oportunidad para reavivar una recurrente teoría sobre la supuesta presencia judía en la Patagonia: el denominado ‘Plan Andinia’.

El historiador argentino Ernesto Bohoslavsky, quien ha estudiado el conspiracionismo de derechas en la Patagonia Argentina y Chilena, señala que el ‘Plan Andinia’ refiere a la existencia de un supuesto complot israelí para crear un segundo Estado judío. Según esa versión, el llamado “Plan Andinia” sería la ejecución del verdadero propósito de Theodor Herzl, líder del sionismo, quien habría soñado no sólo con la creación de un Judenstaat en la histórica tierra palestina sino con la erección de dos unidades políticas.[2]

Así, la Patagonia (incluyendo las tierras históricamente habitadas por los mapuches) sería objeto de una política sionista secreta impulsada por el estado de Israel y sus agentes, que buscaría expulsar a los habitantes históricos de la región y preparar un nuevo ‘éxodo’ judío, esta vez con el cono sur de América como destino. Frente a esto, podemos plantearnos ciertas interrogantes, las que intentaremos responder a lo largo de esta columna: ¿Qué hay de cierto y de falso en el Plan Andinia? ¿Debemos preocuparnos por la posibilidad de que exista un plan sionista secreto operando bajo nuestras narices con el objetivo de apoderarse de la Patagonia?

Veamos. Las ideas que sustentan el Plan Andina encuentran su fundamento en una serie de supuestas evidencias que reflejarían que se trata, de hecho, de un proyecto en curso. Por ejemplo, los numerosos grupos de turistas israelíes que año a año visitan la Patagonia serían, en realidad, espías y agentes sionistas cuya misión es la de “cartografiar” el territorio patagónico, e indicar, de esta forma, la cantidad y naturaleza de los recursos disponibles. Los parques y reservas de la zona austral serían visitados por estos “falsos turistas” para inventariar los bosques, glaciares, yacimientos mineros, zonas agrícolas y zonas de pesca que podrían servir para facilitar la ubicación de futuros asentamientos judíos en el Cono Sur. Otra de las supuestas evidencias que esgrimirían los creyentes del ‘Plan Andinia’ radicaría en la compra de grandes paños de tierra por parte de empresarios y filántropos que, de una u otra manera, estarían ligados a las redes del sionismo mundial. De estas figuras, la más representativa sería la del fallecido Douglas Tompkins, conocido empresario creador de la famosa compañía TheNorthFace, quien, a través de su actividad filantrópica, fundó los parques Pumalín,Corcovado y Yendegaia, en la Patagonia chilena. A estos hechos se suman otras evidencias circunstanciales; la última de ellas, que ha tenido cierta resonancia en redes sociales, es una fotografía de una escultura de la estrella de Salomón, que ha sido interpretada como indicio de la presencia judía en la Patagonia (presente en la siguiente imagen).

M. Flugerto Martí (Fundación Delphos)

No obstante, existen sólidas razones para dudar de la relación de estos hechos (la presencia de turistas israelíes, la compra de tierras por parte de filántropos, la presencia de una escultura judía) con la materialización de un complot cuyo resultado sería el de transformar la Patagonia en un segundo Israel. Algunas de estas razones surgen naturalmente y, por si solas, pudieran bastar para desmontar en gran parte el Plan Andinia. Tomemos, por ejemplo, el caso de los“turistas” israelíes. Como ya mencioné, se ha acusado que los grupos de mochileros y mochileras hebreos que recorren la Patagonia son, en realidad, agentes militares cuya misión sería la de reconocer el territorio, “cartografiarlo”, e informar de los recursos existentes en las distintas regiones patagónicas. Esta imagen se ha forjado a partir del hecho verdadero de que los y las jóvenes israelíes que visitan la región son ex conscriptos. Siendo el servicio militar obligatorio en Israel, y producto del carácter militarizado del propio estado israelí, tanto mujeres como hombres se ven enfrentados al estrés de vivir dos años de servicio para una de las fuerzas armadas más poderosas del mundo. Al finalizar el servicio militar obligatorio, es común que los jóvenes israelíes se tomen vacaciones para “desestresarse”, siendo uno de sus destinos preferidos el Cono Sur de América. En paralelo a esto, los turistas israelíes se han forjado una dudosa reputación entre los propios habitantes de la Patagonia; numerosos testimonios (escuchados por el autor de esta columna las dos veces que le ha tocado recorrer la región de Aysén) indican que los turistas israelíes no tienen un buen comportamiento en la Patagonia. No respetan las reglas de los cámpings y hostales, son bulliciosos, son reacios a comunicarse en español y, algo que molesta sobremanera, insisten frecuentemente en regatear los precios de alojamientos y transporte. A todo esto, se suma la responsabilidad que un turista de origen hebrero tuvo en el inicio de un desastroso incendio en las Torres del Paine en 2012, precisamente por no respetar una de las reglas más importantes del parque, la prohibición de encender cocinillas de gas dentro los límites del área protegida.

Pareciera ser que son los propios jóvenes israelíes los que parecieran conspirar activamente contra su propia reputación. ¿Es esta actitud propia de efectivos militares cuya supuesta misión sería la de registrar cuidadosamente cada rincón de la Patagonia? ¿No deberían poseer un perfil más bajo para realizar estas actividades de inteligencia sin llamar la atención ni despertar sospechas de las autoridades y de los habitantes de la región? Mario Matus, doctor en Historia del Centro de Estudios Judaicos de la Universidad de Chile, en conversación con el portal de noticias El Mostrador, ha señalado que existiría una razón cultural detrás del comportamiento de los turistas israelíes. Según se lee en sus declaraciones, “estos militares fueron educados en la cultura de la Chutzpah (en hebreo: descaro, arrogancia, insolencia). Les enseñaron a vivir en autonomía operativa y en situaciones extremas en cualquier lugar (…)  suelen mostrarse arrogantes y romper las reglas del comportamiento aceptable”[3]. Esto explica mucho mejor la presencia de los jóvenes israelíes en la Patagonia, así como su fama y su comportamiento, y sirve para refutar la idea, que ha sido expresada incluso por autoridades políticas de la república como los senadores Eugenio Tuma y Fuad Chahín, de que estos maleducados e irresponsables jóvenes israelíes son, en realidad, agentes secretos con la misión de realizar una cartografía de la Patagonia. Tanto Chahín como Tuma parecen pasar por alto el hecho de que hay mapas completos y detallados de la geografía y el relieve patagónicos en diversas publicaciones del Instituto Geográfico Militar, de los departamentos de geografía de casi todas las universidades chilenas y argentinas, y en Google Earth. El número de centros de investigación y de científicos y académicos realizando estudios en la Patagonia aumenta año tras año, y las conclusiones de los estudios que realizan son publicadas en revistas de circulación internacional. Si Israel requiere información detallada de la Patagonia, basta con un par de agentes sentados cómodamente en alguna oficina del Ministerio de Defensa israelí con acceso a internet, y un par de geógrafos de alguna universidad hebrea que establezcan redes académicas con sus homólogos chilenos y argentinos. Si los turistas israelíes son agentes secretos, ¡vaya agentes son si son tan fáciles de descubrir!

Al igual que ocurre con el caso de los “turistas-soldados” de la Patagonia, comprobar que la labor de filántropos como Douglas Tompkins obedece, en realidad, a los planes del sionismo organizado mundial es sumamente dificultoso. Al respecto, no he podido encontrar un solo dato fiable que permita establecer dónde, cuándo y a quien estos oscuros sujetos estarían comprando hectáreas y hectáreas de territorio. Si alguna vez se temió que los Parques Pumalín y Corcovado, por nombrar los casos más icónicos, pudiesen operar como espacios libres de injerencia del estado chileno para establecer bases del ejército de Israel, esos temores ahora debiesen desaparecer en la medida en que estos parques han pasado a manos de CONAF (aunque probablemente surjan, fundadamente, otros temores relativos a la capacidad de Chile para resguardar los intereses medioambientales en armonía con las necesidades de las comunidades que viven en las inmediaciones de dichos parques). Asimismo, la escultura de la estrella de Salomón a que hacíamos referencia, cuya foto ha circulado por internet, corresponde sencillamente a una obra instalada en un cementerio de la ciudad argentina de Ushuaia, donde algunos judíos de la ciudad han enterrado a sus familiares. Por último, es muy difícil sostener que la intervención israelí en el conflicto del Wallmapu se enmarca en un plan del sionismo por expulsar definitivamente a los mapuches de la Araucanía y de la Patagonia argentina, toda vez que hemos sido testigos, a lo largo de siglos, que cristianos y laicos por igual han sido perfectamente capaces de llevar acabo la expulsión y reducción de comunidades indígenas de sus tierras, tanto durante la colonia, como durante la era republicana. Por cierto que la información sobre contactos entre la policía chilena y los militares israelíes es grave y debe ser objeto de investigación, y se constituye en otra prueba del militarismo hebrero, pero el conflicto mapuche es muy anterior a la propia creación del estado de Israel.

Hasta ahora, podríamos decir que estos argumentos bastan para afirmar que la probabilidad de que el Plan Andinia sea real es muy baja. Sin embargo, hay un último argumento que me gustaría poner en perspectiva. Se trata de la naturaleza propia del conspiracionismo en la Patagonia a lo largo de la historia. Frente a esto, Bohoslavsky señala que

Ha habido muchos intentos de comprender al conspiracionismo desde la historiografía, la psicología cognitiva, la antropología y la ciencia política. Me inclino por la definición que dio Geoffrey Cubitt (1993: 1-2), para quien el “mito conspirativo” es la propensión a considerar que la política está dominada por maquinaciones malintencionadas y secretas de un grupo de intereses y valores enfrentados a los del grueso de la sociedad. Este “mito” señala que el verdadero significado de las cosas se esconde detrás de las apariencias y que lo relevante de la política ocurre tras bambalinas. En la lógica del complot no hay lugar para el azar y los resultados involuntarios sino que los hechos son presentados siempre como la consecuencia de una intención secreta.[4]

Es justamente esta presentación de los hechos como una secuencia encadenada y organizada de tal manera, por medio de una voluntad secreta, lo que nos indica que el Plan Andinia es, en realidad, otro de los resultados del conspiracionismo que por largo tiempo ha tenido en el judaísmo a una de sus víctimas predilectas.Además, el Plan Andinia no se enmarca solo en la tradición del antisemitismo, sino que también forma parte del imaginario conspiracionista propio de la Patagonia, en el cual han encontrado lugar, en diversos momentos, complots militares chilenos o argentinos operando secretamente dentro de territorio extranjero, movimientos marxistas y anarquistas secretos instigando a la revolución, e incluso, rumores de la construcción de bases del III Reich durante la Segunda Guerra Mundial.

Este carácter de la Patagonia como escenario constante de complots y conspiraciones proviene, en realidad, de su larga historia como una región más “imaginada” que conocida o experimentada. Esta situación fue común en una gran parte del Nuevo Mundo tras la conquista europea, y fue una de las formas principales en las que los exploradores blancos se apropiaron de las nuevas y fascinantes regiones que aparecían ante sus ojos. Pero, mientras que aquellas zonas en donde la convivencia entre europeos, indígenas y mestizos formó las sociedades coloniales perdieron su carácter mítico, las regiones que se mantuvieron remotas e inexploradas continuaron siendo parte de un mundo fantástico. Esta situación comenzó a cambiar durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, cuando los viajes de exploración de los canales, cordilleras y hielos patagónicos fueron protagonizados por científicos imbuidos del racionalismo ilustrado europeo como Charles Darwin, Hans Steffen, Francisco Moreno o Alberto de Agostini. Sin embargo, aunque la percepción de la Patagonia cambió confórmese la conocía más y mejor, la región continuó siendo vista como un escenario de posible “desagregación territorial”, en palabras de Bohoslavsky. Si antes esto era producto del desconocimiento,ahora lo es producto del reconocimiento de los invaluables recursos que la Patagonia concentra: una enorme biodiversidad ecológica, espesos bosques lluviosos, petróleo, recursos mineros y pesqueros, enormes extensiones de tierras deshabitadas y, de vital importancia para el futuro, las mayores masas glaciares del mundo fuera de los círculos polares. Al mismo tiempo, la propia incorporación de los territorios patagónicos y, por ende, la efectiva soberanía de los estados chileno y argentino en la zona, han sido procesos complicados, debido a las enormes distancias y las adversas condiciones climáticas que dificultan la comunicación de los territorios australes con sus respectivas capitales. Esto ha tenido, como consecuencia, el desarrollo de numerosos conflictos limítrofes entre Chile y Argentina, en diversos puntos de la región. Por lo tanto, la Patagonia ha sido, por mucho tiempo, un terreno fértil para el desarrollo de las teorías conspirativas, lo que, sumado a ciertos hechos circunstanciales y el peso del conspiracionismo antisemita, ha dado como resultado el Plan Andinia. La propia divulgación de este proyecto ha estado marcada por la presencia de figuras controversiales: en Argentina, primero por los hijos del conocido criminal de guerra nazi Adolf Eichmann primero, por el economista y abogado antisemita Walter Beveraggi Allende después; y en Chile, por el escritor nacionalsocialista Miguel Serrano.

Aunque el Plan Andinia no ha sido, hasta ahora, lo suficientemente relevante como para impulsar un antisemitismo popular en Chile y Argentina, la manera recurrente con la que surge cada cierto tiempo debe mantenernos alerta. En tiempos en que la “posverdad” ocupa un rol cada vez más importante en la política, tanto global como local, puede ocurrir que el conspiracionismo encienda la mecha dela xenofobia, el racismo y el antisemitismo en la Patagonia. Siguiendo, como hemos hecho a lo largo de esta columna, a Bohoslavsky, los temores surgidos a partir del Plan Andinia reflejan mejor la complicada relación entre la región y sus respectivos estados soberanos, que una real capacidad de los agentes secretos de Israel de apropiarse de la Patagonia. Efectivamente, la incorporación de los territorios patagónicos sigue siendo una cuestión de política nacional, sobre todo en Chile, donde los habitantes de Palena, Aysén y Magallanes han demandado en numerosas ocasiones una mayor presencia gubernamental en la zona. Asimismo, en el caso de la Araucanía, la solución del conflicto no estriba precisamente en la denuncia de los “planes del sionismo mundial” para expulsar a la población mapuche de sus tierras (eso, como dije, lo han hecho tanto Argentina como Chile sin necesitar de la ayuda sionista). Otorgarle un papel central al Plan Andinia en la violencia y represión ejercida contra el pueblo mapuche solo contribuiría a legitimar la lógica política del conspiracionismo, dificultando aún más cualquier posibilidad de diálogo, y entorpeciendo las reivindicaciones de las comunidades mapuche y patagónicas.

Entonces, respondiendo a las preguntas planteadas al inicio de esta columna, vemos que el Plan Andinia, de cierto, tiene muy poco. Quizá sea realidad en la cabeza de algunos políticos sionistas israelíes, de la misma forma que es realidad en la imaginación de ciertas figuras políticas y grupos radicales, preferentemente de derecha, en Chile y Argentina. Pero esto no implica que se esté llevando a cabo un complot orquestado secretamente para construir el nuevo estado judío en la Patagonia. Si es necesario preocuparse por la presencia de turistas-soldados israelíes, o por la concentración de miles de hectáreas en manos de unos pocos filántropos extranjeros, entonces debe ser por las razones correctas. En el primer caso, por ejemplo, exigir que los turistas se comporten de manera adecuada y respetuosa con los habitantes y las áreas protegidas de la Patagonia; en el segundo, cuestionando acertadamente en qué medida los intereses de los filántropos pueden chocar con los intereses de las comunidades que habitan la Patagonia. Enfrentar estos problemas a partir de la idea de que un complot como el Plan Andinia es real, solo llevará a una mala comprensión de ellos y, peor aún, podría dejar las puertas abiertas de par en par al antisemitismo virulento que tantas consecuencias nefastas trajo al mundo en el siglo XX.


[1] http://www.eldesconcierto.cl/2018/11/23/informe-devela-el-rol-de-israel-en-la-militarizacion-del-wallmapu/

[2] Bohoslavsky, Ernesto; “Contra la Patagonia judía. La familia Eichmann y los nacionalistas argentinos y chilenos frente al Plan Andinia (de 1960 a nuestros días)”, Cuaderno Judaico, nº 25, Centro de Estudios Judaicos de la Universidad de Chile, Santiago de Chile, 2008, pp. 223-248 (I.S.S.N. 0717-4357).

[3] https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2015/06/21/un-nuevo-israel-en-la-patagonia-el-mito-de-la-conspiracion-judia/

[4] Ernesto Bohoslavsky, El Complot Patagónico: Nación,conspiracionsimo y violencia en el sur de Argentina y Chile (siglos XIX y XX),Buenos Aires, Prometeo, 2008, p. 15.


*Imagen de cabecera propiedad de Tompkins Conservation.

10 comentarios en «Conspiración imaginada en la Patagonia: ¿es el Plan Andinia una real amenaza? Esbozo de una respuesta histórica»

  1. Te respondo no es ninguna Mentira, están llenos de judíos en el sur, muchos Militares de ISRAEL, y cada vez son mas. LA BBC WORLD saco un informe de los dos estados de Israel, una en palestina, y otra en la Patagonia, hasta los mismos judíos lo reconocen, tema sionismo, esta la organización sionista argentina, dentro de nuestro país. de mentiras y anti semitismo nada. El truquito de anti semita, es la típica arma que usan los sionistas.

    Los Montoneros y toda la izquierda en argentina, los fundadores son judíos, que buscan separatismo, mediante el feminismo radical MIRIAM BREGMAN, la cual también esta vinculada con el RAM, que coincidencia no ? y buscan separatismo en donde ? en el Sur ? Sigo ? Feinman, busca separatismo fomentando argentina del centro con Milei. sigo ? los Kirzner o Kirchner muy cercanos a judíos como esquenazi banquero judío kirchnerista que fugo dinero para Israel, sigo ? Eduardo Elztain dueño de medio pais, esta vinculado con Crsitina Wilhelm de Kirzner, por el Oro en chubut ? sigo ? el miso eduardo elztain de a apoyo a Inglaterra en lo que es sistemas de misiles ; sigo ?

      1. Esa es la Clave hacer que “parezca falso” y que quede como una “alarma estéril” que no avise ni despierte a nadie….y todos como borregos al matadero… hay que averiguar ,profundizar y tener estomago para cuando llegues a ver lo que realmente esta pasando..Saludos hermano.

  2. El espíritu expansionista del Estado de Israel existe, sí, pero se manifiesta concretamente en su política de apropiación del territorio palestino. Muy distinto es sostener que existe un plan para colonizar la Patagonia, al menos en la forma en que este ha sido formulado. El Plan Andinia es un invento antisemita, muy en la línea de otras falsificaciones, como Los Protocos de los Sabios de Sion. A la fecha, sigue sin existir ninguna prueba que sustente la hipótesis del Plan Andinia y creo, sinceramente, que en la Patagonia, tanto chilena como argentina, hay otros problemas mucho más urgentes de los que ocuparse en relación con su territorio, colonización y recursos naturales.

  3. Decian los romanos: “La verdad es hija del tiempo.” Me temo que lo que ustedes llaman con desprecio “conspiracionismo”, termine siendo la triste realidad. Nadie puede negar, a la vista de los hechos, el espiritu expansionista de los israelies.

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