Otra política para Chile

Por DIEGO SARMIENTO K.

Estudiante secundario

Club B.


Los discursos mesiánicos toman cada vez más fuerza en el debate público, escenario propiciado – evidentemente – por el cólera social. Esto, cuando los que comparecen como solución unívoca a los problemas de la gente son el verdadero problema de la democracia y la vida en sociedad.

Desde hace tiempo que la discusión en Chile se ha radicalizado, cayendo en un falso dilema: “Estado o mercado”. Por una parte, se encuentra una pequeña (pero no por esto, menos ruidosa y molesta) facción de la derecha que propone un Estado mínimo, encargado únicamente de proveer soberanía territorial (fuerzas armadas), seguridad (policía) y justicia (tribunales). Hablamos de los denominados “libertarios”. Por otra, están los estatistas a ultranza de siempre: la extrema izquierda. Si bien es cierto que los proyectos políticos de estos dos sectores distan colosalmente (fundamentalismo de mercado v/s fundamentalismo de Estado), comparten el mismo eje discursivo, pues, se trata de autoproclamarse como la alternativa a la “vieja política”. Sin embargo, de lo que no se han enterado es que la “vieja política” es la política de los extremos; de los “purismos” tanto de derechas como de izquierdas, donde las posiciones mesuradas son tratadas de “traidoras” o, popularmente dicho, “amarillas”.

El verdadero cambio se encuentra en la alianza, el diálogo y la unión. En términos prácticos, Chile necesita de una estrategia público-privada de desarrollo para avanzar hacia una economía robusta, con un Estado sólido y una industria competitiva. Esta lógica de “economía mixta” nos permite alcanzar las condiciones necesarias para dar respuesta satisfactoriamente a las necesidades de la población, porque toda política pública se debe condecir con una cierta responsabilidad fiscal, y no podemos hablar de “justicia social” sin antes hacerlo sobre crecimiento económico. Sin crecimiento ni los pensionados, ni los estudiantes, ni los trabajadores tendrán la dignidad que merecen.

La tarea de esta generación es evitar que el pueblo se rinda ante la prepotencia retórica de la “vieja política”. Izar las banderas del “todo o nada” no propone una real alternativa al fracaso neoliberal. Es más, nos encamina hacia un ambiente hostil e impropio para el cometido que como país nos hemos propuesto. La oportunidad de construir el Chile de muchos sobre los cimientos de la “nueva política” está en juego.


*Imagen de cabecera propiedad de The New York Times.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.