Política Internacional: ¿cuáles son los desafíos del siglo XXI?

Por TOMÁS CROQUEVIELLE H.

Licenciado en Historia y Periodista

Pontificia Universidad Católica de Chile


Las primeras décadas del siglo XXI han sido de todo menos tranquilas. En menos de 20 años, hemos presenciado los devastadores efectos de la crisis económica de 2008, del auge del terrorismo internacional y el cambio climático.

Sin embargo, al mismo tiempo, también se han desarrollado increíbles innovaciones tecnológicas como celulares inteligentes, robots con inteligencia artificial y automóviles que se manejan solos. Esto, nos deja entrever que el mundo actual es uno que está bajo constante y rápido cambio y día a día se revelan nuevos desafíos para la comunidad internacional.

1. Paz y seguridad: Reformar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

A diferencia de lo que ocurre con cualquier Estado moderno, prácticamente ninguna de las decisiones de los organismos internacionales, como el Tribunal de la Haya, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Asamblea General de Naciones Unidas o la Organización Mundial de Comercio (OMC) son vinculantes. Es decir, el incumplimiento de sus disposiciones no acarrea necesariamente un riesgo de sanción. Pero hay una excepción.

Existe una institución que sí tiene la potestad y capacidad de sancionar un país, ya sea mediante castigos económicos o el uso de la fuerza. Se trata del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, sin embargo, este organismo tiene muy poco de democrático y su legitimidad está cada vez más cuestionada. ¿Por qué?

Este poderoso organismocompuesto por 15 países miembros (5 permanentes y 10 elegidos cada 2 años, según criterio geográfico) fue creado después de la Segunda Guerra Mundial por los vencedores (EE. UU, Reino Unido, Francia, la Unión Soviética y Taiwán), con el propósito de canalizar los conflictos por una vía pacífica evitando que hubiese bloqueos o negociaciones eternas.

Fue así como estas cinco potencias triunfadoras se auto designaron como jueces del nuevo ordenamiento mundial que surgía, incluso, otorgándose el poder de vetar las resoluciones adoptadas por la institución.

Sin embargo, más de 60 años después, ese ordenamiento no parece tener sentido. Como asegura Steven Feldstein, académico del programa Democracia e Imperio de la Ley del Centro Carnegie a El Definido, la estructura y composición del Consejo de Seguridad es probablemente “la más importante prioridad de reforma del organismo en la actualidad” puesto que la composición de los cinco miembros permanentes no refleja la estructura de poder actual del mundo, lo que daña su legitimidad y credibilidad, dice.

Es por la misma razón que de manera creciente, las nuevas potencias económicas como Alemania, India y Japón reclaman un sitio fijo en el Consejo de Seguridad y cuestionan la validez de la permanencia a perpetuidad en el organismo de: EE. UU., Francia, Reino Unido, la Federación Rusia (sucesora de la Unión Soviética) y la República Popular China (que en 1971 tomó el lugar de Taiwán).

resumenmediooriente.org

Para Feldsetin, cualquier modificación en la composición del organismo es un tema sumamente complejo puesto que cualquier nuevo miembro permanente que se designe, inevitablemente generará la protesta de quien se haya quedado fuera del selecto club. Situación que ha servido para favorecer el mantenimiento del statu quo, pero que la comunidad internacional organizada va a tener que empujar si es que quiere tener un organismo de seguridad representativo y legítimo para afrontar los desafíos a la paz y seguridad del siglo XXI.

2. Economía: superar la desigualdad

En su discurso final ante la Asamblea de las Naciones Unidas de septiembre de 2016, el ex presidente de EE. UU., Barack Obama, aseguró que el mundo es tan desigual, que el 1% de la población tiene lo mismo que el 99% restante, y que esto es lo que no permite generar estabilidad política y social.

Y la advertencia no parece exagerada, según un documento elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidadesla desigualdad económica es el mayor desafío que enfrenta la humanidad en la actualidad.

Aunque los orígenes de este fenómeno pueden ser muchos, hay dos factores que influyen de manera importante en su mantenimiento y perpetuación: la desigualdad en las reglas del comercio internacional y la automatización de la economía.

El primer factor, hace referencia a que en la actualidad los países pobres pierden cada año 700 mil millones de dólares por las injustas reglas del comercio en donde, bajo las actuales normas de la OMC, los países ricos, por ejemplo ponen las barreras arancelarias altísimas (especialmente para los productos agrícolas) a los países en desarrollo que quieren exportar. Estas son cuatro veces más altas que los aranceles que las economías en desarrollo le ponen a las importaciones de las más ricas.

Estas son cuatro veces más altas que los aranceles que las economías en desarrollo le ponen a las importaciones de las más ricas, tales como las naciones de Europa Occidental y EEUU.

Noticiero Televisa

El segundo factor es la creciente automatización económica, esta está ganando cada vez mayor atención mediática, especialmente después de la publicación de la prestigiosa consultora internacional, McKinsey Global Institute (MGI), de un (poco alentador) informe que señala que para 2030, entre 400 y 800 millones de trabajadores perderán su puesto de trabajo como consecuencia de este fenómeno.Siendo los más afectados, quienes se desempeñan en trabajos físicos como los operarios de maquinaria y quienes preparan comida rápida.

Es por lo mismo que a futuro, el gran desafío para la comunidad internacional es lograr reconvertir a los trabajadores desplazados por la tecnología, capacitándolos en el desarrollo de habilidades creativas, criterio y el análisis. Cualidades que son propias de los seres humanos y que podrían diferenciarlos de las tareas que harán los robots.

3. Medioambiente: Poner al planeta primero

Para nadie es sorpresa que el futuro del planeta se encuentra en peligro. En la actualidad, el 41% de los anfibios y el 25% de los mamíferos del mundo están amenazados, y se espera que para 2050 haya más plásticos que peces en el planeta.

Situación alarmante, que en las últimas décadas ha logrado reunir en una misma mesa de negociación a las naciones de todo el mundo en conferencias como la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro (1992), el Protocolo de Kioto (1997), la Cumbre de Copenhague (2009) y el Acuerdo de Paris(2015). Todas, supuestamente, en post de la necesaria cooperación internacional para salvaguardar el futuro de las generaciones venideras.

Y es que, pese al consenso internacional sobre la necesidad de actuar, las diferentes negociaciones multilaterales no siempre han resultado del todo exitosas. En numerosas oportunidades el interés nacional de cada país ha prevalecido sobre la conveniencia planetaria.

Durante décadas, países como China e India bloquearon cualquier reducción de sus emisiones de CO2, argumentado que estas eran incompatibles con el acelerado crecimiento económico que necesitaban. Por años, tanto Beijing como Nueva Delhi, consideraron que era injusto que los países industrializados les exigieran contaminar menos, cuando el desarrollo histórico de las naciones ricas se hizo, precisamente, contaminado y acelerando el calentamiento global.

En ese mismo sentido, Deborah Gordon, académica del Instituto de Medioambiente de la Universidad de Stanford, explica a El Definido que la desigualdad económica está íntimamente ligada con la reducción de los gases invernadero. A mayor igualdad de ingresos entre los ciudadanos del mundo “mayor será la conveniencia de que las naciones adopten políticas para cumplir sus compromisos de reducir el dióxido de carbono”, dice. La implementación de impuestos al carbono sería la forma más fácil de reducir las emisiones de dióxido de carbono y sus externalidades, asegura la especialista.

New Internationalist

Una nueva etapa para las relaciones internacionales de Chile

Tradicionalmente, la política exterior de Chile ha sido una entendida desde la óptica de la “agenda de Estado”, en donde, independiente de quienes estén en el gobierno o en la Cancillería, las directrices de acción se mantienen. Esto, les ha dado a las relaciones internacionales de nuestro país una fama de seriedad y consistencia, y también le abre nuevos desafíos y oportunidades.

El panorama global actual es más dinámico e incierto y esto hace cada vez más necesario anticiparse a los diferentes escenarios que puedan surgir para así poder tomar decisiones acertadas. Entonces, mantener una política coherente y estable, ya no pareciera ser suficiente, puesto que desmotiva un liderazgo proactivo.

Chile tiene la posibilidad de, en los próximos años, seguir consolidándose como un actor líder en la región en temas como el respeto de los derechos humanos, la mediación de conflictos y la protección del medio ambiente.

Santiago Turismo

Algo que ya hemos podido ver en el papel que tuvo nuestro país como garante de las negociaciones de paz de las Farc con el Estado colombiano, el recibimiento de refugiados sirios, las discusiones del Grupo de Lima en torno a la crisis política de Venezuela y la firma del Nuevo TPP. Mención especial, también a la iniciativa de la expresidenta Bachelet de crear el área marina protegida más austral del mundo en nuestros mares.

Según Jorge Shad, director del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica, para que Chile pueda seguir siendo un actor diplomático relevante en el cambiante concierto internacional, la política exterior de nuestro país debe comenzar a expandirse a las nuevas formas de diplomacia, que son realizadas por empresas, universidades y sociedad civil, las cuales se llevan adelante de manera directa, abierta y con un importante uso de herramientas digitales.

Dejar atrás el interés nacional

En 1992, y tras la caída de El Muro de Berlín, el politólogo estadounidense, Francis Fukuyama, aseguró que la historia del hombre había llegado a su fin y la humanidad había alcanzado un consenso en torno a los valores de la democracia y el libre mercado. Pero parece que Fukuyama fue muy rápido.

Si nuestro mundo aún no ha sido capaz de generar un ordenamiento democrático en torno a cómo se toman las decisiones en el concierto internacional, ¿cómo es posible esperar la supremacía de la democracia en el planeta?

Por otro lado, el consenso en torno al libre mercado se ve quebrado cuando aún existe demasiada desigualdad en el mundo y además el planeta vive una crisis climática y ambiental inédita en sus, no miles, sino millones de años de historia.

Para hacer frente a todo esto, hará falta creatividad, mucha creatividad, puesto que los temas en numerosas oportunidades simplemente no se pueden segmentar (como tratamos de hacerlo en este artículo), sino que están interrelacionados. También hace falta un deseo genuino por parte de los países de poner a un lado los intereses particulares de cada nación y ubicar el bienestar planetario primero. Ese sí que es un desafío.

¿Qué otro desafío incluirías? ¿Crees que es posible que la comunidad internacional afronte con éxito las dificultades que enfrenta?


*Imagen de cabecera propiedad de César Mejías.

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