¿Sólo un pedazo de tela?

Por MATÍAS SEPÚLVEDA M.

Licenciado en Historia y Título de Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales,

Pontificia Universidad Católica de Chile.


Hace un par de semanas en un TV show español uno de sus actores dedicó un par de minutos a sonarse la nariz en la bandera española. El sketch les salió bastante caro: el actor perdió contratos de publicidad y el programa otros siete anunciantes. El hecho mismo de reírse ya sea con-para-o de la bandera de España ha generado un interesante debate ¿Por qué respetar un símbolo que no necesariamente nos representa?

Buena parte de quiénes hicieron apología del acto se apoyan en una necesaria correlación entre el símbolo y la nación. Entonces planteaban sí ¿Español se nace o se hace? Podríamos evaluar sí estos objetos poseen el poder constitutivo de nacionalidad y por tanto concentrar el interés general de la nación o más bien son las costumbres (cambiantes en nuestros tiempos) las que constituyen lo nacional, o bien ambas. Les planteo el siguiente dilema: ¿Qué pasaría sí en un futuro se transforma en costumbre el hecho de hacer humor con la Bandera? ¿Estaríamos ante una costumbre constitutiva de nuestra identidad nacional? Y por tanto sí abandonamos nuestras costumbres y símbolos y adoptamos otras ¿Seremos realmente otro país distinto? Cómo un símbolo puede valer la indignación de miles por twitter, pero las acciones de los guardias civiles durante el 1-0 no generaron ni una décima parte de esa atención.

El caso de la bandera no es un hecho aislado. En 8 de las últimas 10 finales de la Copa de su Majestad el Rey se ha pitado el himno de la nación peninsular. Un hecho no solo insólito, sino que  también bastante criticable. Sí esto sucediera en Francia, sociedad reconocida por su defensa a la libertad de expresión, difícilmente se jugaría dicho encuentro. Quiénes han protagonizado estos pitidos, Vascos y Catalanes, han defendido su derecho a: portar lazos amarillos, hablar en Euskera, Catalán o bien tener sus propias selecciones autonómicas. Entonces ¿Defenderían a un actor por limpiarse la nariz con la bandera del país vasco o la Senyera?

Jugar con los símbolos nacionales, con la nación y con nuestro patrimonio inmaterial es cuestión de Estado, por tal me niego rotundamente a emplear energías en defender a quién ataca al conjunto para conseguir réditos políticos. En este punto se encuentra por ejemplo el actual Alcalde de Coyhaique, quién ha colocado la bandera de “los mapuches” (Ahora que me digan sí esto representa) en una ciudad ausente de gran parte de la historia de Chile, fundada recién en el siglo XX, poblada con chilotes, argentinos, alemanes, suizos y unos pocos chilenos ¿Cuál es la conexión ancestral con lo mapuche? A menos que el Sr. Huala aventure la tesis de que el pueblo mapuche realizó expediciones hasta la meseta de Coyhaique sobrepasando la nieve y el bosque, antes que cualquier cronista pueda dar registro. Lo vuestro es ¿Reivindicación o colonización?

Puede que existan descendientes, puede incluso que exista un interés cultural, pero lo que no se puede hacer es mofarse de nuestro pasado e insertar símbolos foráneos.

El afán de usar los símbolos o renegar de ellos tiene un resultado político inmediato. Hace pocos días vimos como en nuestro país se quemaron banderas, se atacaron a policías y se destrozó la propiedad pública bajo la rémora de protestar por la violencia del Estado, más bien de un gobierno en particular, quizás sí precisamos más aún: de unas cuantas personas. Nosotros los nacionales o bien miramos atónitos o bajamos la mirada. Ser equidistante en esta situación le abrirá el camino a los radicales. Entonces defendamos nuestros símbolos, sí es que significan algo o bien ¿Sólo es un pedazo de tela?


*Imagen de cabecera propiedad de hiveminer.com.

Un pensamiento en “¿Sólo un pedazo de tela?”

  1. Hay un hecho incuestionable: Lo simbólico forma parte de nuestra vida. Estamos todos los días bombardeados de ello, y se expresan de diferentes formas: un cumpleaños, una despedida, las marcas comerciales, un funeral, una conferencia de prensa, una inauguración, una marcha, un discurso político, la música, la pintura, la poesía (y cualquier arte en realidad); y por supuesto que la bandera también es parte de ello. Elementos que se van reproduciendo, construyendo o transformando con el pasar del tiempo. Mucho de eso simbólico se conjuga con la identidad, que viene a ser si no una forma de representación desde la colectividad, es así que se entiende que existan grupos, círculos, movimientos, organizaciones de diferente índole, cada uno estableciendo sus propios lineamientos o principios. Es así también que se debe entender la nación, que nace de la mano de una forma de organizar pueblos o territorios, que comparten, al menos un lenguaje y por sobre todo una forma de vivir.

    Hoy lo que se pone en conflicto es la identidad nacionalista a través de lo que se conoce como Estado-Nación, porque el Estado como una forma de organización de control social se sustenta en su aspecto simbólico: La Nación. Una identidad nacionalista que se propaga justamente por aspectos simbólicos: las costumbres, los ritos y todo tipo de expresión cultural. Ese orgullo patriótico que muchas veces nace del alma; y es con este mismo discurso que el Estado abusa y controla a las masas, a pueblos, habitantes de nuestra nación. Un abuso de poder que de ejemplos hay suficientes, solo mencionar que están matando por luchar.

    Pero no nos confundamos, no se trata de renegar lo simbólico, eso seria inverosímil e inútil. El pueblo mapuche busca una autonomía, una propia nación, una autodeterminación que les permita ser soberanos de sus tierras, de sus aguas, de vivir a través de sus propias prácticas y lógicas. Cuanto de ello deberíamos aprender, hoy nuestros bienes nacionales son vendidos al mejor postor, un modelo extractivista que saquea con nuestros territorios, territorios que se consideran chilenos ¿Hasta donde llega nuestra soberanía nacional o solo nos quedamos en lo simbólico? Si defender nuestra nación es defender un pedazo de tela, no cuenten conmigo, prefiero defender la vida donde seamos soberanos de nuestro entorno.

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