Breve brevísima historia africana de Chile

Por JULIO GALAZ C.

Licenciado en Historia

Pontificia Universidad Católica de Chile


Uno de los mitos más extendidos en la historia de chile, que incluso es enseñado hasta no hace mucho tiempo en las escuelas, ha sido el discurso de que no hubo una gran llegada de esclavos africanos al país. Con expresiones tan comunes como, “aquí no llegaban porque se morían con el frio”, se ha dado a creer a los chilenos que no tenemos ninguna ascendencia africana y que los que tienen algunos rasgos de dicha cultura es exclusivamente gracias a antecesores que llegaron hace no mucho al país.

El enfoque con el cuál se enseña en los colegios el aporte de los esclavos africanos a la historia de Chile ha ido cambiando paulatinamente, tratándose de eliminar el mito de “aquí no llegaban porque se morían con el frío”, por un discurso bajo el cual los esclavos africanos sean reconocidos como parte integral de la historia nacional. No obstante, dicha historiografía sigue, en gran medida, referenciándolos de manera general y superficial durante los períodos de la Colonia, la Conquista y la Independencia, para luego diluirse a partir de la era Republicana. En este sentido, puede plantearse que han pasado de ser negados históricamente a ser invisibilizados de la historia de Chile.

La participación, el impacto y la permanencia de los esclavos africanos en Chile no fue muy diferente a lo que ocurrió en el resto de la América colonial. Salvo en cantidad de importación y porcentaje dentro de la sociedad colonial de los países post independencia, la presencia de esclavos en Chile tuvo un impacto sustantivo en la conformación de la sociedad chilena, especialmente en las urbes y en algunas regiones localizadas de la zona norte del país, donde aún poseen una presencia importante como lo es en Arica. Por consiguiente, pasaremos a relatar brevemente la historia de los esclavos africanos en Chile.

El primer registro de africanos en Chile data de la primera expedición ibérica al país. El mismísimo Diego de Almagro fue quien se hizo acompañar por esclavos negros en su ruta a Chile (aunque la mayoría de ellos murió en el trayecto y el resto retornaron a Perú). Con las huestes de Pedro de Valdiviapasó lo mismo. Este hecho suele ser apuntado como uno de los principales argumentos para afirmar que a Chile no llegaron esclavos negros y que la mayoría murió al poco tiempo de ingresar al país. Sin embargo, a pesar de la desdichada suerte que corrieron los esclavos africanos que llegaron junto a Diego de Almagro y Pedro de Valdivia, muchos otros lograron asentarse en Chile conforme otras expediciones se establecieron en la región de manera permanente.

En 1558, negros, mulatos y zambos constituían cerca del 20% de la población chilena[1]. Posteriormente en 1777, el censo del Obispado de Santiago daba cuenta de que vivían 38.240 habitantes en la ciudad: 15,2% de ellos eran mulatos, y 3,6% eran negros; estadísticas que muestran la sustantiva importancia que tenía el ascendente negro en la sociedad colonial.

En 1811 Manuel de Salas aprobó la Ley de Libertad de Vientres, según la cual ningún hijo de esclavo negro que naciera en Chile a partir de esa fecha nacería con la condición de sus padres. Finalmente, en 1823 fue abolida legalmente la esclavitud en Chile. La cronología de la esclavitud negra en Chile concluye aquí; hito que ha sido destacado a menudo en las narrativas sobre la independencia del país, debido a su elevado valor simbólico. Empero, la Ley de Libertad de Vientres también significó, paradójicamente, que los esclavos negros y sus descendientes fuesen eliminados de la historia de Chile, al ser víctimas de un relato que pretendía homogeneizar a la población del país.

La independencia y los inicios de la vida republicana de Chile coinciden con el momento en que la nación buscaba formar su identidad tomando como modelo la nación europea y blanca, razón por la que los esclavos no cabrían en esta identidad recién formada. Es así que, al mismo tiempo que la narrativa liberal y nacionalista de la independencia ensalzó la promulgación de la Ley de Libertad de Vientre, se buscaría enseñar al exterior y a las nuevas generaciones la idea de que prácticamente no hubo esclavos negros en chile, llegando incluso al absurdo de señalar que, cuando los hubo, los africanos no “duraban” bajo las condiciones climáticas y geográficas del país.

La evidencia histórica, en cambio, demuestra que los africanos han formado parte de la nación en unos modos que el país no desea recordar. Hombres y mujeres traídos para realizar trabajos forzados para generar beneficios a los grandes latifundistas coloniales, para luego servir de una forma más macro en el desarrollo del capitalismo global en el siglo XVIII.

Luego de la independencia, los esclavos y sus descendientes liberados se fundieron con la población mestiza local, aportando parte de su legado cultural a la conformación del pueblo chileno. Hoy, además de los chilenos descendientes de la antigua población esclava colonial, la africanidad se manifiesta en parte a través la población inmigrante, que ocupa muchas veces el papel de mano de obra barata venida de diferentes países de nuestro continente.

En la actualidad, los problemas que surgen de la histórica negación de la esclavitud y la población negra en el país, así como de su invisibilización en la conformación de su misma población, son varios, Aquellos individuos o comunidades que han conservado alguna forma de identidad vinculada con sus ancestros africanos, ya sea racial o cultural, se enfrentan día a día con el racismo de la cultura chilena, que niega la historia que reivindican y la cultura a la que pertenecen. La forma de discriminación más común que sufren es por su color de piel, motivo por el cual son confundidos con extranjeros, negándoseles su pertenencia a la comunidad nacional.[2] Este racismo de corte étnico se mezcla con una cultura profundamente clasista que además asocia el color de la piel con la situación socioeconómica, lo que da como resultado una doble fuente de discriminación. En este contexto, los inmigrantes de piel más oscura son víctimas de una violencia mayor que otros inmigrantes de piel más clara.

Pero no todo hay que verlo desde un punto de vista negativo. La llegada de migrantes también puede generar iniciativas que den pie a una mayor tolerancia a culturas extranjeras, además del aporte que pueden dar a la cultura local. Por ejemplo, un número importante de colegios han iniciado procesos de adaptación a la diversidad cultural, fomentando entre niños y niñas la valoración de esta como un elemento esencial de la convivencia social. Al mismo tiempo, los contenidos del currículum de Historia en estas escuelas han incorporado elementos que permiten visibilizar la presencia africana en la historia de Chile. Por otro lado, a nivel académico, han surgido investigaciones en disciplinas como la Historia y la Antropología que se han propuesto como objetivo visibilizar la presencia de las comunidades africanas en el país. Por último, a nivel político, han surgido organizaciones que plantean la necesidad de reconocer la comunidad afrochilena[3], así como otras que luchan contra la discriminación y velan por el apoyo a los inmigrantes.


[1] www.memoriachilena.cl

[2] Véase: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-48508342

[3] https://www.theclinic.cl/2014/07/26/el-despertar-de-los-afrochilenos/


*Imagen de cabecera propiedad de The Root.

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