Derribando el mito del nazismo de izquierda. Parte II: la economía

Por NICOLÁS CAMINO.

Licenciado en Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile

MA en Historia, University College London


En segundo lugar, un argumento común es el de la economía: la mayoría tiende a pensar que se trataba de un sistema de economía centralmente planificada, donde todo estaba en manos del estado. ¿Era esto así? Nuevamente la respuesta es simple: no. Tal como se expondrá a continuación, hubo importantes políticas de privatización, dejando en manos de diferentes grupos la economía alemana.

El sistema imperante en Alemania desde finales del siglo XIX y principios del XX, que favoreció el ascenso del nazismo es el denominado “capitalismo de cárteles”. En este modelo, grupos de interés -por ejemplo, los industriales- formaban grupos con agenda política, la cual impulsaban mediante distintas campañas. Uno de los ejemplos más importantes de la Alemania de comienzo de siglo fue la “Liga Naval”, que reunía industriales y terratenientes (llamados Junkers, que representaban la aristocracia prusiana altamente militarizada) que buscaban la creación de una flota de combate que pudiera estar a la par de la armada británica -lo que generó una escalada que desembocaría en la Gran Guerra. Es importante este antecedente, pues permite explicar el contexto en el cuál se enmarcan las políticas económicas del régimen nazi.

Cuando llegan al poder, y siguiendo lo planteado en el plan de los 25 puntos (revisado en el artículo anterior), si hubo una incipiente nacionalización de algunos bancos y compañías, la cual tuvo corta vida, pues rápidamente comenzó una política de privatización. Es importante notar el contexto en el cual se produjeron algunas de estas privatizaciones: estamos hablando de los años inmediatamente posteriores a la crisis de 1929, donde la mayoría de los países (incluidos Estados Unidos, Inglaterra y Francia, es decir, potencias capitalistas occidentales) adoptaron medidas keynesianas para poder reactivas la economía. Estas medidas, rápidamente fueron abandonadas para volver a una política de privatización. Algunos sectores en que esto fue más importante son la banca (p.e. Commerz– und Privatbank y el Deutsche Bank und Disconto-Gesellschaft, entre 1935 y 1937), los ferrocarriles (p.e. Deutsche Reichbahn, 1934), el sector siderúrgico y minero (p.e. Vereignite Stahlweke, 1936), de astilleros (p.e. Deutschen Schliff-und Machisnenbau AG, 1936) y naviero (p.e. Hamburg-SüdAmerika, 1936). La única particularidad de los ejemplos dados es el de los ferrocarriles, donde el Estado vendió acciones, pero se mantuvo como socio mayoritario.

¿Cuál es la razón del cambio entre el programa de los 25 puntos y las posteriores políticas de privatización? Si bien hay autores que han buscado diferentes explicaciones, creo que hay dos centrales. En primer lugar, tal como mencioné más arriba, la importancia de los grandes grupos económicos en la política alemana, quienes eran necesarios para garantizar que los nacionalsocialistas se mantuvieran en el poder. Hacer concesiones, en base a intereses comunes (como, por ejemplo, la supresión de sindicatos, la expansión de la industria, y un ferviente expansionismo) permitió a Hitler consolidar su poder transversalmente dentro de la sociedad alemana. El segundo punto, es que el régimen nazi reconoció que la iniciativa privada podría maximizar la eficiencia de la industria (argumento similar a los utilizados hoy en día a favor de las privatizaciones), por lo que sería beneficiosa para el Reich como tal. Hasta cierto punto, puede hablarse de que es una forma extrema de la idea de Walter Benjamin del capitalismo como una religión.

Otro ejemplo y una de las políticas que causa mayor confusión (ya sea de buena o mala fe), es el llamado Vierjahresplan (“Plan de los cuatro años”) que orientó la economía alemana desde 1936. Algunos autores han llegado a compararlo con los planes quinquienales que Stalin aplicó en la Unión Soviética, pero hay diferencias sustanciales, principalmente en el rol que jugaban los privados en éste. Carl Krauch, un importante industrialista -condenado por crímenes contra la humanidad tras la guerra- expresó en un discurso, “Es importante mantener la libre iniciativa de la industria. Sólo en ese caso uno puede esperar ser exitoso”. Esto guarda relación que hay entre el modelo económico y las ideas acerca de “la prevalencia del más fuerte” (central en el ideario nazi). El propio Hitler ataca la planificación central ya que “da garantías de preservación al promedio más débil y representa una carga a la mayor habilidad, industria y valor, siendo un costo para el bienestar general”.[1] Estas ideas dan cuenta de lo arraigado que estaba la importancia de la propia iniciativa del individuo o grupos de individuos, manifestados en la forma de industrias. El individuo es un importante motor para la economía, y en ese sentido, se permitió que pudiesen ser miembros activos de esta, aunque en la práctica se tradujo en un aumento del poder de los grandes conglomerados económicos. Es importante la única limitación a la iniciativa de las personas era por temas raciales: desde 1938 se excluyó a los judíos en la economía alemana.

En 1939, con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, hay algunos cambios a la economía, restringiéndose en mayor medida y aumentando los racionamientos de materias primas. Nuevamente, esto obedece a elementos que también ocurrieron entre los aliados occidentales durante el conflicto, donde el estado debía guiar el esfuerzo de guerra. Es importante aclarar que sí, el estado alemán tenía una importante participación en la industria y mercado armamentista, lo cual podría darse como argumento de que sí era planificación centralizada. Sin embargo, es importante verlo desde otra perspectiva: dicha participación obedecía a la falta de inversionistas (temían que el fin de la guerra llevara a el fin de la demanda por armas y la perdida de ganancias). El hecho de que se los inversionistas se restaran, habla de que podían libremente participar en función a su propio beneficio, algo que nadie catalogaría como socialista, ni menos aún vincularía con un modelo de izquierda.

Tal como he intentado plantear en este breve escrito, considerar la economía alemana bajo el régimen nazi como una centralizada (o asociada a la izquierda) es un error importante. Ha existido un intento (infructuoso en los círculos académicos) de intentar comparar el modelo imperante en ese país con lo que se llevaba al cabo en la Unión Soviética. Aquí hemos podido revisar dos breves argumentos, que son la existencia del capitalismo de carteles y el rol que jugaron los privados en el sistema. Algunos historiadores económicos, como Germà Bel, han llegado a proponer ideas incluso más radicales, según las cuales el proceso sería similar al que ocurrió en Inglaterra y Chile en las décadas de 1970 y 1980. Si bien en lo personal soy más cauteloso respecto a esto (hay diferencias sustanciales en torno al rol del consumo en estos 3 casos) sí hay un punto, que es el que da sentido a este texto y el anterior: es un error (o mala fe) hablar del nazismo como si fuera de izquierda (o socialista).


[1] Citado por Ludolf Herbst en Der Totale Krieg und die Ordnung der Wirtschaft. Die Kriegswirtschaft im Spannungsfeld von Politik, Ideologie und Propaganda 1939-1945. Stuttgart: Deutsche Verlags-Anstalt, 1982.


*Imagen de cabecera propiedad de Wikipedia.

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